Tomareando

Adjunto los dos primeros programas de Tomareando. Un magazine radiofónico dedicado en su esencia a los jóvenes. Se emite en Radio Tomares (Sevilla). En la 92.0 los viernes de 18.00 a 19.00 h. O en http://www.tomares.es.

Espero que os guste. Es un programa que produzco, redacto y edito todas las semanas, donde se incluye la agenda cultural, secciones de literatura, o de cine; entrevistas; o ideas para planear el fin de semana.

http://www.ivoox.com/tomareando-1_mn_1481582_1.mp3″

http://www.ivoox.com/tomareando-2_mn_1515893_1.mp3″

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Adiós Ricardo

Es triste cuando los grandes se van. Grandes porque siempre tienen una palabra especial, única para ti. Porque sin importarle mucho de donde vengas o a donde vas, te paran en el camino para golpearte la espalda con cariño. O porque han encontrado la forma de instalarse en tu vida habitual con su sola presencia, siempre cercana. Hay personas que arrastran mucho tras de sí. Que clavan la voz, o el temple, que saben sonreír con ganas, y con sinceridad, y a las que cuesta perder. Una de esas personas es Ricardo Acosta . No lo conocí mucho, pero me recordó que hay algo más importante que el triunfo personal: la entrega a los demás; regalar las ganas de vivir, el entusiasmo, y los pequeños detalles que forman la emoción de nuestra fugaz estancia. Me recordó que no nos topamos con los demás por pura casualidad, sino para aprender de cada historia lo que la tuya propia no te ha dado. Que es más importante el de enfrente, lo que quiere, lo que pide, lo que siente. Que el periodismo es una materia de pura entrega, y no lo contrario, como algunos sí piensan. Me siento afortunada por haber llegado a tiempo, Ricki. Ha sido un placer. Dejas el mejor legado que puede dejar una persona, su firme recuerdo, el de sus palabras, y el de su cariño.

Un día más

Llega una cansada a casa después de una larga jornada sin pinta de ser culminada, hasta que los ojos no puedan seguir sosteniéndose por libre. Cansancio y ardor de ojos. Y no será por deshidratación, pues si algún segundo me ha dejado el día para alimentarme o saciar el agujero del estomago -más bien-,  he preferido inclinar mi botella de agua del grifo; que es más rápido. Como una torta en la cara acabo de caer en la cuenta de la razón de mi apatía, durante los últimos días. Escribir era lo que me pedían mis ideas. Están ahí, dentro de la chorla como párvulos eufóricos después de una clase de educación física – ¿Las querían quitar también?-. Saltan como chavales “des-madrados”, que hoy lloran por un castigo, y mañana sienten la libertad por sus venas (o por sus narices, hígados y pulmones, llámalo x). Anyway, necesitaba meterme con los pobres chavales sin rumbo todavía, aunque fuese un poquito.

Después de doce meses sin haber parado de redactar, contar, escribir, y explicar cosas insustanciales para mis sentidos, salta la chispa del enfado de quien es oprimido por lo que le toca hacer. ¡Sin más! Pero ojo, sin obligación también, amén de la conciencia de las miras a largo plazo. ¡Vete fuera del país niña, antes de que sea tarde, aquí no hay ná que hacer! .Y esos de allí preparando las antorchas. Un rollo que martillea mi cabeza. Cabreada me hallo, porque el tiempo corre tras de mí ya, con 21 años. Que no son 19, ni 20, amiga.

Y fíjate si es curioso, que necesito escribir como algo vital, y cualquier cosa que me venga a la cabeza, precisamente porque me piden (¿Me pido?) escribir demasiadas:  Mentiras, paja, entretenimiento de otro, honor porque sí. Y al final, satisfacción por haber alegrado el café, o la vuelta a casa a cualquiera.  Quienes por vocación se encuentren inmersos en el maravilloso y al mismo tiempo arduo mundo del periodismo, lo entenderán mejor que nadie. Y no sólo eso, sino que incluso podrían sentir alivio, al darles yo una espontanea solución de lo que en realidad les ocurre. Que no es otra cosa que la expectación que nos tensa los músculos día sí y día también, provocada por ríos de acontecimientos diferentes y variados que desembocan todos en nuestra cabeza de golpe. No quiero pensar que soy la única que vive con una tensión continua, oprimida por el trabajo. Hablo de opresión, porque lo hace de verdad. Una maravilla que te atrapa, te atrae, te seduce y no te suelta. Como todas las maravillas de ese estilo, después que no te hablen de vivir sin ella. Eh, que hablo de la esfera periodística.

Eso sí es verdad, para indignación no me ha faltado tiempo, y no de la que se lleva ahora, esa que inunda plazas, programas de radio encubiertos, asambleas generales, carteles alarmantes, posts en blogs, tweets, advertainments por las esquinas, clases magistrales de profesores con cinturones de brillantina (largo etc). ¡Uh! Que me voy por las ramas…

La verdad es que ha sido una absurda entrada en un blog, -que sintiéndolo mucho y apartándome un poco de las líneas de la profesión, no voy a mencionar-, la que me ha empujado a las teclas. No sé qué del AVE y las bragas grandes.  He visto que tal individuo hablaba con una seguridad abrumadora, presuponiendo cada frase la verdad más absoluta. Por ello la ironía ha sido el tono escogido por dicha persona. La ironía es el Aristóteles de los nuevos tiempos. No hay nada más comunicativo que la ironía y  los juegos de palabras.  Te dicen sin decírtelo del todo: “Eres un inútil, no sabes nada del mundo, y yo sí”. La ironía, llega a ser – de manera irónica-, bastante absurda.

Te llevas todo el santo día manejando información y trabajando en mil líos diferentes, y después no tienes nada que contar más gracioso que aquello que te ocurrió el viernes cuando saliste a tomarte algo. Hablas a diario con personas interesantes, creas y destruyes conocimiento (Ah, no, no, lo transformas, como la energía).  Pero al final lo más sano y cotidiano es la espontaneidad que te lleva a soltar cualquier chorrada, y frente a ti cualquier carcajada complaciente; eso es. Mira que somos simples. Ni es crítica ni es queja, que quede claro.

ENTREVISTA AL PADRE PATRICIO LARROSA

Les dejo la entrevista al Padre Patricio Larrosa, fundador de la asociación ACOES. Organización sin ánimo de lucro, que ha llegado a apadrinar – tras 19 años desde sus inicios-, a más de 8.000 niños procedentes de Honduras y que se encontraban en situaciones extremas.

Pueden acceder a la web oficial, donde encontrarán todos los detalles y formas de participación para cualquier persona que esté interesada en participar en el programa de voluntariado:

http://www.acoes.org/

De como la teoría liberal aunque utópica es viable

En sus inicios, el periodismo como hoy lo conocemos, estaba centrado en torno a la crítica que determinados sectores hacían de la realidad conocida. Es en base a esto cómo empiezan a surgir los diferentes géneros y estilos que más tarde se establecerían dentro del margen de periodismo técnico hoy existente.

Resulta irónico reconocer que la función periodística fue propugnada a raíz de la opinión pública que durante esta convulsa etapa de finales del siglo XIX – A partir de 1850-, se fue generalizando cada veza más, en busca del conocimiento pleno, que finalmente y tras largas etapas de debate, nunca se ha llegado a generar.

Partiendo de esta premisa, empieza a verse cierta bifurcación entre comunicación e información, que aunque han sido términos eternamente dependientes, se han ido separando según la evolución política, y dentro siempre del debate periodístico.

Centrándonos en uno de los pensamientos políticos reinantes a finales del XIX – el liberalismo-, encontramos cierta sintonía con la llamada “libertad de expresión” .Esta corriente tiene sus raíces en el librecambismo económico, esto es, la libre circulación de mercancías sin tramas. Esta ideología toma la independencia como condición primordial, siempre sujeta a la razón de los hombres, en relación con el bien que ésta ha de aportarles. Se trata de una delimitación ideológica cuyos pensadores – John Milton, John Stuart Mill y Thomas Jefferson- (que defendían de manera independiente y en épocas separadas) gira alrededor a la inteligencia y razón humana para el bien individualista de cada ser, con el fin de llegar así, al bien común. Decía de esta manera Mill: “Sólo el libre pensar a y el libre actuar permiten al hombre alcanzar la felicidad”. No hay duda que aunque el romanticismo de esta afirmación es manifiesto, conlleva por otro lado, una parte de verdad. Como ocurre con las idea que sólo toman una vía de realidad, encontramos el sentido utópico cuando matizamos en ella.

El ser humano es – valga la redundancia-, ante todo humano, no sólo individuo. Necesitamos debido a nuestra condición, el contacto social, o nuestra propia reafirmación, – la de nuestras ideas y pensamientos-, así como convivir para encontrar la tranquilidad y estabilidad que perseguimos. Además las personas estamos limitadas por factores como la educación, la historia, las capacidades individuales, o la predisposición personal. Si hablamos de individualismo y liberalismo, nos toparemos con la idea antropológica mitificada de la felicidad, lo cual es cuestionable, pues sin el reconocimiento que buscamos en los demás, siempre quedará una parcela de nuestra felicidad humana sin cubrir. No podemos sentirnos realizados sin que otros nos hagan sentirnos como tal.

Así pues, volviendo a la idea periodística, observamos que en su temprana historia, aún no se considera el “hecho noticioso” la base de su función, sino que es la propia crítica y denuncia de la actualidad la que mueve los hilos de la opinión pública. Con esto también se pone en cuestión la idea individualista, pues cada persona, al pensar de forma independiente, verá las cosas de diferente manera y el resultado será que cada una de las opiniones, probablemente, tendrán su parte de realidad, esté más o menos acertada – En palabras de Mill-. Por tanto el fruto sería que la opinión pública debe ser siempre un continuo contraste de opiniones variadas y que las posturas racionales combinadas entre ellas se acercaran cada vez más al conocimiento verdadero.

Con todo, y como dentro de la realidad periodística es imposible hacernos con una fórmula matemática aplicable, se establecen determinados límites que guían al profesional a un mejor cumplimiento de su función: Al estar al servicio de una comunidad heterogénea y abstracta con infinidad de condiciones, el periodista viajará siempre hacia el contraste de las realidades que se le presenten; deberá saber plasmar las posturas existentes, esto sin posicionarse a ojos del público.

Después de teorías entorno a esta cuestión, como la liberal, la autoritaria – el estado por encima del individuo-, o la marxista (Lenin) – donde la prensa ha de ser un colectivo propagandista-, surge una nueva teoría más democrática, que busca la estabilidad y confluencia de las anteriormente citadas. Los valores que persigue son comunitarios, es: La Teoría de la Responsabilidad Social Corporativa. Ésta toma la eficacia como foco de su función, es decir se propone la mejora de la reputación de la empresa /medio/ organización en cuestión, frente a un mundo de competencia generalizada que cuenta cada vez con más desconfianza, pérdida de imagen y reputación. Esta teoría quiere alcanzar altos grados de calidad en el funcionamiento de los centros laborales. Se asemeja a la calidad en la prensa, cuya base será siempre la transparencia; principios editoriales plurales o asuntos relacionados con la libertad de expresión. En definitiva la R.S.C. se relaciona en los medios comunicativos con su propia evolución favorable hacia un periodismo de interpretación o explicación en profundidad. Así, la especialización toma partida, pues el profesional que está bien formado en algún ámbito será capaz de dar información más cercana a la verdad, siempre con su debido contraste. Incluso si el periodista especializado hace crítica de alguna cuestión, se le considerará la potestad de hacerlo con un criterio superior a otro que no esté especializado.

 

LA CURIOSIDAD, ÚNICA VÍA PARA ALCANZAR LA LIBERTAD MENTAL

La vida es una práctica y no una teoría. Hay que dejar que el conocimiento entre a través del instinto de la curiosidad y nunca bloquearlo, -sin embargo llevamos siglos haciéndolo, es lo que nos han hecho creer-, pero la contradicción es precisamente que las cosas que retenemos y las bases del aprendizaje personal e intelectual están en los detalles que más nos llaman la atención y que de alguna forma toman importancia en nuestras vidas, ya sea por interés o por deseo de aprender. Las personas que malgastan su vida haciendo algo que no les gusta, perdieron el instinto de la curiosidad demasiado pronto, esto es, en su temprana infancia, antes de llegar a descubrir que hay un mundo infinito lleno de explicaciones, incluso que aún nadie conoce. Directamente nunca llegan a plantearse nada relacionado con ello, viven porque han nacido, han nacido para vivir, morirán porque tienen que hacerlo, y nada más del camino les incumbe.

Aunque sea una incongruencia, es precisamente la educación la culpable de que esto pase, junto con sus falsos méritos, como el esfuerzo y la fuerza de voluntad. Estas son nociones que nos sirven para sobrevivir a la competencia continua a la que nos obligan desde que somos niños en edad de descubrir, precisamente.

Una persona que está estudiando algo que no le llena, lo hará por las implacables “salidas profesionales”, una recompensa que les hará felices, obteniendo todos los beneficios de quien tiene un buen puesto de trabajo. No hay más que invento banal en esta afirmación, invento del hombre una vez más, que buscando la superioridad por razones animales, ha errado desde tiempos inmemoriales. Esa persona entonces, nunca desarrollará su propio instinto para alcanzar el conocimiento, y abarcar cada vez más. Pero de esto no se dará cuenta hasta el momento en el que comience su vida laboral, pues estudiar supone un esfuerzo para todos, y se confunde con el mérito. Es por eso, que nuestro sistema educativo es fallido, ya que promovemos el esfuerzo, que más allá de tener un significante positivo artificialmente impuesto, es simple bloqueo hacia nuestros instintos.

¿Pero qué es el esfuerzo, sino una fórmula para excusar el asedio de estar haciendo algo de forma sumisa y no por motus propio?

El esfuerzo oprime nuestras posibilidades, pues somos capaces – el cerebro humano lo es-, de abarcar más de lo que cualquiera ha abarcado nunca. Si algo hay que fomentar en primera instancia es la curiosidad del bebé, que desde que nace tiende a aprenderlo todo, incluido el lenguaje y la comunicación, que aunque también se trate de un invento del ser humano, podríamos admitir que es de los pocos que realmente han tenido un valor sustancial en nuestro desarrollo. No inventamos nada, todo está ahí esperando a ser descubierto. Gracias a nuestra capacidad para razonar, vamos acaparando todas las parcelas del cerebro con el paso de los siglos. El razonamiento de determinados individuos a lo largo de nuestra historia nos ha facilitado que una nueva parcela se abra y alcancemos el entendimiento.

Con todo, lo que llamamos estudiar, es una obligación impuesta por el sistema humano – que no político-, para y por la competitividad, pero solo será válido para quienes lo hacen por curiosidad y necesidad de conocer y de comprender el alcance al que puede llegar nuestra especie. El resto siempre serán esclavos, que ponen limites a su propia libertad y felicidad, pues cuán famosa es la frase “ a nadie le gusta estudiar”.

Perdemos con los años ese afán por aprender y descubrir lo que tenemos delante, y la razón a esto es la obligación impuesta por alguien “superior”, es decir, por alguien al que en su momento también obligaron. Por tanto, “eso es lo correcto”. Estas personas que nos encontramos al nacer, a las que también descubrimos, y con las que solemos tener un vínculo especial, nuestro padres, o nuestros cuidadores, nos enseñan desde que somos capaces de prestar atención a algo. Nos enseñan lo que a ellos le enseñaron. Creen que el camino de la prosperidad está en educar “correctamente”. Pero nadie siente poseer la potestad del bien y el mal.

Existe una única condición humana de la que se puede sacar partido, para llegar a esa prosperidad mencionada, esta es la curiosidad, o el interés por lo que nos rodea. Un impulso animal pero racional, que se mantiene fiel a nuestros deseos pueriles, y puros, los que más se acercan a la verdad.

La educación, lo primero con lo que nos encontramos, hace que se nos cree un trastorno desde el inicio de nuestras vidas, por tanto hemos de cambiarlo. Es sólo un rol, eliminar de nuestro vocabulario la palabra esfuerzo, que en realidad nos trasmite opresión únicamente, pues aunque creamos recibir un premio tras aplicarlo, simplemente será una satisfacción pasajera de quien ha alcanzado algo que alguien alcanzó antes.

No es del todo cierto que perdamos la curiosidad plena, pero la infravaloramos calificándola de sentimiento básico, la pasamos por alto y no nos interesa a penas descubrir que es la única vía para alcanzar el bien común. No sentimos curiosidad hacia la curiosidad tampoco.

Si Juan tiene curiosidad por ver que ese objeto que se encuentra al otro lado de la calle, se acercará decidido a comprobarlo, eliminando de su razón todo el esfuerzo que supone dejar lo que esté haciendo y moverse hacia el objeto mencionado.

La pereza es algo en lo que nos han hecho creer, pero sólo se trata de falta de curiosidad y por tanto de interés en hacer lo que nos obligamos a nosotros mismos sin razones contundentes, sólo por las metas y límites que nos ponemos, para acceder a esa competitividad impuesta. Es aquí también donde entra la fuerza de voluntad, que tiene que ver con la pérdida del interés en descubrir esas parcelas del cerebro que mencionaba con anterioridad. Los bebés no tienen fuerza o flaqueza en la voluntad, tampoco se esfuerzan para jugar o para correr por el parque. Sólo aparece cuando empiezan a imponerles la educación, reprimiendo sus instintos.

Para llegar a la libertad, hay que empezar por el respeto a nuestros instintos, no hablo de la anarquía educativa de ninguna manera, sino del cambio abismal de la misma. Alcanzar la fórmula a través de la cual nuestra capacidad para curiosear, – aplicándole valor a este acto-, nos sirva para alcanzar el conocimiento, como decía al principio de esta teoría.

En el caso de las necesidad -a las cuales respetamos algo más que al interés humano-, es innegable que la tenemos presente, y que contamos con un continuo flujo de información de todo lo que tenemos cerca.

La personalidad genética, el carácter, o la socialización primaria nos define en primer lugar; en segundo lugar una nueva fórmula educativa que se basara en la curiosidad y el interés debería ser aplicada, siempre contando con las capacidades y los sentidos más o menos desarrollados de cada individuo. El método a desarrollar tiene que estar sustentado por la necesidad de encontrar la vía a través de la cual todos los niños esparzan su curiosidad libremente, así descubran sus capacidades, y no pierdan el ímpetu por el conocimiento.

El sistema capitalista, no es más que el desarrollo de una idea que alguien esbozó sin esfuerzo alguno, pues las ideas aparecen solas, gracias al razonamiento, cuando encontramos alguna cuestión que nos importa lo suficiente – por la que sentimos especial interés-, como para encontrar la respuesta a esa incertidumbre.

El éxito reside en la intención de conseguir una meta final, no en el esfuerzo “gastado” en hacerlo, en esa intención se encuentra implícita la curiosidad.

CARRETES DE NAPALM

 

“Lo que ha visto no tiene nada de extraordinario, esto sucedía cada día en Vietnam, lo extraordinario, es que esté registrado en una película”. De esta manera, concluye el documental ‘La foto de la niña del napalm’, que nos acerca a la realidad no ficticia de todo lo que ha abarcado la historia de esta famosa foto, que dio la vuelta al mundo por su contundente valor representativo. La protagonista inicial, el factor de mayor impresión, o que más palabras intrínsecas contiene en la imagen es la figura débil, herida, asustada y casi terrorífica de la niña, llamada Kim Phuc que corre huyendo de las llamas que dejaba atrás tras un ataque de bombas de napalm, desde el templo donde se refugiaba.

     La guerra de Vietnam tuvo lugar entre 1964 y 1975, y enfrentó a dos bando definidos. Por una parte estaba el bando de los estadounidenses citados junto con los propios vietnamitas del sur, y en el otro bando se unía Vietnam del norte con el Frente Nacional de Liberación, apoyado además por el bloque comunista. Fue una guerra que nunca tuvo límites comunicativos, principalmente porque siempre se le consideró otra cosa diferente a guerra, por razones de conveniencia política, y por tanto las prohibiciones como las mediáticas fueron evitadas para prevenir interpretaciones paralelas.

     La fotografía de Kim Phuc en el poblado de TrangBang, fue tomada por un fotógrafo también vietnamita, Nick Ut, el 8 de junio de 1972. Era un chico joven que frecuentaba la agencia ‘Associated Press’. En realidad su hermano es quien trabajaba en un inicio para esta agencia, pero a su prematura muerte, Kim Phuc decidió coger su puesto y lanzarse a la guerra para fotografiar la que ahora es una de las colecciones fotográficas más famosas y valoradas del mundo. Este fotógrafo cuenta en su entrevista todos los detalles del día en que fotografió a la pequeña, explica las circunstancias en las que se encontraba él, la experiencia  desde el punto de vista de observador de la catástrofe. Otra de las cuestiones destacables del criterio que utiliza para intentar trasmitir su labor profesional y al tiempo espiritual, es que sus fotografías siempre tienden a expresar más que cualquier palabra podría hacerlo. Sus carretes son infinitos, sus manos y ojos siempre están en funcionamiento, y mezcla su propio dolor con el impulso de apretar el botón de la cámara.

    Nick Ut, aunque pueda suponer una incongruencia, se dedica actualmente a fotografiar a famosos. Otra de las fotografías que años después volvió a dar la vuelta al mundo, fue la de Paris Hilton llorando desconsoladamente dentro de un vehículo,  a la salida de su casa en Hollywood. Aunque si en algo pueden coincidir ambas fotografías, aparte de que fueron tomadas el mismo día del año, 8 de junio, es que las dos expresaban dolor y sufrimiento real.

    El documental del Canal Historia que hemos visto, aparte de analizar y contar todo lo que aquella imagen arrastraba tras de sí, recoge otras muchas imágenes filmadas y fotografiadas durante la guerra de Vietnam, y más concretamente en relación a la historia que se esconde detrás de la imagen matriz. Los videos se ven con suficiente nitidez, y realidad, y el documental aprovecha para entremezclar diferentes modelos periodísticos, para hacer de esa forma más claro el mensaje final del momento vivido, tanto en el accidente relatado y fotografiado, como en todo lo que se aconteció durante la guerra de Vietnam. Aunque de todas formas tomando solo como referencia la imagen de la niña, somos capaces de imaginar todo lo que se desarrolla fuera del campo visible.

     La fotografía de la niña de Napalm, fue rechazada por los medios estadounidenses en un primer momento. Se intuía que crearía demasiada polémica publicar un cuerpo desnudo, puede que incluso no pensaran a la hora de rechazarla, que lo que supondría sería, al contrario, un frente de indignación pacifista, al comprobar la situación en la que aquel país se encontraba. La información que llegaba a occidente aún no era plena, a pesar de tratarse de una época en la que periodistas, fotógrafos o reporteros se multiplicaban y, cada vez más, desvelaban verdaderos misterios de todos los rincones terrestres. Esta imagen, por tanto, marcó un antes y un después en la longevidad de la guerra de Vietnam. Estados Unidos comenzó a movilizarse, y pronto llegaron pactos para parar la violencia.

      Las guerras ahora son lo que vemos y oímos cada día en informativos y prensa o lo que forma parte de nuestro propio pasado y estudiamos en historia. Sabemos por aceptación que “guerra” implica sangre, sufrimiento, muerte, y en fin, mal en su máximo exponente. Pero los medios audiovisuales que nos acercan a esa realidad fríamente asimilada, no han tenido presencia alguna durante el mayor transcurso bélico de nuestra historia. Por ello, es esta guerra tan reciente, la de Vietnam, la que contó con mayor difusión mediática, no solo porque el mundo occidental estuviese ya en pleno desarrollo y auge, sino también porque esa mediación y tecnología estaba presente en Vietnam, a pesar de los enfrentamientos políticos. Tanto es así que fue la primera guerra que venció al ejército estadounidense, a pesar de los recursos con los que este país contaba.

ENLACE AL DOCUMENTAL: http://www.documaniatv.com/historia/la-foto-de-la-nina-de-napalm-video_30d67cb01.html