Tomareando

Adjunto los dos primeros programas de Tomareando. Un magazine radiofónico dedicado en su esencia a los jóvenes. Se emite en Radio Tomares (Sevilla). En la 92.0 los viernes de 18.00 a 19.00 h. O en http://www.tomares.es.

Espero que os guste. Es un programa que produzco, redacto y edito todas las semanas, donde se incluye la agenda cultural, secciones de literatura, o de cine; entrevistas; o ideas para planear el fin de semana.

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http://www.ivoox.com/tomareando-2_mn_1515893_1.mp3″

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Adiós Ricardo

Es triste cuando los grandes se van. Grandes porque siempre tienen una palabra especial, única para ti. Porque sin importarle mucho de donde vengas o a donde vas, te paran en el camino para golpearte la espalda con cariño. O porque han encontrado la forma de instalarse en tu vida habitual con su sola presencia, siempre cercana. Hay personas que arrastran mucho tras de sí. Que clavan la voz, o el temple, que saben sonreír con ganas, y con sinceridad, y a las que cuesta perder. Una de esas personas es Ricardo Acosta . No lo conocí mucho, pero me recordó que hay algo más importante que el triunfo personal: la entrega a los demás; regalar las ganas de vivir, el entusiasmo, y los pequeños detalles que forman la emoción de nuestra fugaz estancia. Me recordó que no nos topamos con los demás por pura casualidad, sino para aprender de cada historia lo que la tuya propia no te ha dado. Que es más importante el de enfrente, lo que quiere, lo que pide, lo que siente. Que el periodismo es una materia de pura entrega, y no lo contrario, como algunos sí piensan. Me siento afortunada por haber llegado a tiempo, Ricki. Ha sido un placer. Dejas el mejor legado que puede dejar una persona, su firme recuerdo, el de sus palabras, y el de su cariño.

Un día más

Llega una cansada a casa después de una larga jornada sin pinta de ser culminada, hasta que los ojos no puedan seguir sosteniéndose por libre. Cansancio y ardor de ojos. Y no será por deshidratación, pues si algún segundo me ha dejado el día para alimentarme o saciar el agujero del estomago -más bien-,  he preferido inclinar mi botella de agua del grifo; que es más rápido. Como una torta en la cara acabo de caer en la cuenta de la razón de mi apatía, durante los últimos días. Escribir era lo que me pedían mis ideas. Están ahí, dentro de la chorla como párvulos eufóricos después de una clase de educación física – ¿Las querían quitar también?-. Saltan como chavales “des-madrados”, que hoy lloran por un castigo, y mañana sienten la libertad por sus venas (o por sus narices, hígados y pulmones, llámalo x). Anyway, necesitaba meterme con los pobres chavales sin rumbo todavía, aunque fuese un poquito.

Después de doce meses sin haber parado de redactar, contar, escribir, y explicar cosas insustanciales para mis sentidos, salta la chispa del enfado de quien es oprimido por lo que le toca hacer. ¡Sin más! Pero ojo, sin obligación también, amén de la conciencia de las miras a largo plazo. ¡Vete fuera del país niña, antes de que sea tarde, aquí no hay ná que hacer! .Y esos de allí preparando las antorchas. Un rollo que martillea mi cabeza. Cabreada me hallo, porque el tiempo corre tras de mí ya, con 21 años. Que no son 19, ni 20, amiga.

Y fíjate si es curioso, que necesito escribir como algo vital, y cualquier cosa que me venga a la cabeza, precisamente porque me piden (¿Me pido?) escribir demasiadas:  Mentiras, paja, entretenimiento de otro, honor porque sí. Y al final, satisfacción por haber alegrado el café, o la vuelta a casa a cualquiera.  Quienes por vocación se encuentren inmersos en el maravilloso y al mismo tiempo arduo mundo del periodismo, lo entenderán mejor que nadie. Y no sólo eso, sino que incluso podrían sentir alivio, al darles yo una espontanea solución de lo que en realidad les ocurre. Que no es otra cosa que la expectación que nos tensa los músculos día sí y día también, provocada por ríos de acontecimientos diferentes y variados que desembocan todos en nuestra cabeza de golpe. No quiero pensar que soy la única que vive con una tensión continua, oprimida por el trabajo. Hablo de opresión, porque lo hace de verdad. Una maravilla que te atrapa, te atrae, te seduce y no te suelta. Como todas las maravillas de ese estilo, después que no te hablen de vivir sin ella. Eh, que hablo de la esfera periodística.

Eso sí es verdad, para indignación no me ha faltado tiempo, y no de la que se lleva ahora, esa que inunda plazas, programas de radio encubiertos, asambleas generales, carteles alarmantes, posts en blogs, tweets, advertainments por las esquinas, clases magistrales de profesores con cinturones de brillantina (largo etc). ¡Uh! Que me voy por las ramas…

La verdad es que ha sido una absurda entrada en un blog, -que sintiéndolo mucho y apartándome un poco de las líneas de la profesión, no voy a mencionar-, la que me ha empujado a las teclas. No sé qué del AVE y las bragas grandes.  He visto que tal individuo hablaba con una seguridad abrumadora, presuponiendo cada frase la verdad más absoluta. Por ello la ironía ha sido el tono escogido por dicha persona. La ironía es el Aristóteles de los nuevos tiempos. No hay nada más comunicativo que la ironía y  los juegos de palabras.  Te dicen sin decírtelo del todo: “Eres un inútil, no sabes nada del mundo, y yo sí”. La ironía, llega a ser – de manera irónica-, bastante absurda.

Te llevas todo el santo día manejando información y trabajando en mil líos diferentes, y después no tienes nada que contar más gracioso que aquello que te ocurrió el viernes cuando saliste a tomarte algo. Hablas a diario con personas interesantes, creas y destruyes conocimiento (Ah, no, no, lo transformas, como la energía).  Pero al final lo más sano y cotidiano es la espontaneidad que te lleva a soltar cualquier chorrada, y frente a ti cualquier carcajada complaciente; eso es. Mira que somos simples. Ni es crítica ni es queja, que quede claro.