LA CURIOSIDAD, ÚNICA VÍA PARA ALCANZAR LA LIBERTAD MENTAL

La vida es una práctica y no una teoría. Hay que dejar que el conocimiento entre a través del instinto de la curiosidad y nunca bloquearlo, -sin embargo llevamos siglos haciéndolo, es lo que nos han hecho creer-, pero la contradicción es precisamente que las cosas que retenemos y las bases del aprendizaje personal e intelectual están en los detalles que más nos llaman la atención y que de alguna forma toman importancia en nuestras vidas, ya sea por interés o por deseo de aprender. Las personas que malgastan su vida haciendo algo que no les gusta, perdieron el instinto de la curiosidad demasiado pronto, esto es, en su temprana infancia, antes de llegar a descubrir que hay un mundo infinito lleno de explicaciones, incluso que aún nadie conoce. Directamente nunca llegan a plantearse nada relacionado con ello, viven porque han nacido, han nacido para vivir, morirán porque tienen que hacerlo, y nada más del camino les incumbe.

Aunque sea una incongruencia, es precisamente la educación la culpable de que esto pase, junto con sus falsos méritos, como el esfuerzo y la fuerza de voluntad. Estas son nociones que nos sirven para sobrevivir a la competencia continua a la que nos obligan desde que somos niños en edad de descubrir, precisamente.

Una persona que está estudiando algo que no le llena, lo hará por las implacables “salidas profesionales”, una recompensa que les hará felices, obteniendo todos los beneficios de quien tiene un buen puesto de trabajo. No hay más que invento banal en esta afirmación, invento del hombre una vez más, que buscando la superioridad por razones animales, ha errado desde tiempos inmemoriales. Esa persona entonces, nunca desarrollará su propio instinto para alcanzar el conocimiento, y abarcar cada vez más. Pero de esto no se dará cuenta hasta el momento en el que comience su vida laboral, pues estudiar supone un esfuerzo para todos, y se confunde con el mérito. Es por eso, que nuestro sistema educativo es fallido, ya que promovemos el esfuerzo, que más allá de tener un significante positivo artificialmente impuesto, es simple bloqueo hacia nuestros instintos.

¿Pero qué es el esfuerzo, sino una fórmula para excusar el asedio de estar haciendo algo de forma sumisa y no por motus propio?

El esfuerzo oprime nuestras posibilidades, pues somos capaces – el cerebro humano lo es-, de abarcar más de lo que cualquiera ha abarcado nunca. Si algo hay que fomentar en primera instancia es la curiosidad del bebé, que desde que nace tiende a aprenderlo todo, incluido el lenguaje y la comunicación, que aunque también se trate de un invento del ser humano, podríamos admitir que es de los pocos que realmente han tenido un valor sustancial en nuestro desarrollo. No inventamos nada, todo está ahí esperando a ser descubierto. Gracias a nuestra capacidad para razonar, vamos acaparando todas las parcelas del cerebro con el paso de los siglos. El razonamiento de determinados individuos a lo largo de nuestra historia nos ha facilitado que una nueva parcela se abra y alcancemos el entendimiento.

Con todo, lo que llamamos estudiar, es una obligación impuesta por el sistema humano – que no político-, para y por la competitividad, pero solo será válido para quienes lo hacen por curiosidad y necesidad de conocer y de comprender el alcance al que puede llegar nuestra especie. El resto siempre serán esclavos, que ponen limites a su propia libertad y felicidad, pues cuán famosa es la frase “ a nadie le gusta estudiar”.

Perdemos con los años ese afán por aprender y descubrir lo que tenemos delante, y la razón a esto es la obligación impuesta por alguien “superior”, es decir, por alguien al que en su momento también obligaron. Por tanto, “eso es lo correcto”. Estas personas que nos encontramos al nacer, a las que también descubrimos, y con las que solemos tener un vínculo especial, nuestro padres, o nuestros cuidadores, nos enseñan desde que somos capaces de prestar atención a algo. Nos enseñan lo que a ellos le enseñaron. Creen que el camino de la prosperidad está en educar “correctamente”. Pero nadie siente poseer la potestad del bien y el mal.

Existe una única condición humana de la que se puede sacar partido, para llegar a esa prosperidad mencionada, esta es la curiosidad, o el interés por lo que nos rodea. Un impulso animal pero racional, que se mantiene fiel a nuestros deseos pueriles, y puros, los que más se acercan a la verdad.

La educación, lo primero con lo que nos encontramos, hace que se nos cree un trastorno desde el inicio de nuestras vidas, por tanto hemos de cambiarlo. Es sólo un rol, eliminar de nuestro vocabulario la palabra esfuerzo, que en realidad nos trasmite opresión únicamente, pues aunque creamos recibir un premio tras aplicarlo, simplemente será una satisfacción pasajera de quien ha alcanzado algo que alguien alcanzó antes.

No es del todo cierto que perdamos la curiosidad plena, pero la infravaloramos calificándola de sentimiento básico, la pasamos por alto y no nos interesa a penas descubrir que es la única vía para alcanzar el bien común. No sentimos curiosidad hacia la curiosidad tampoco.

Si Juan tiene curiosidad por ver que ese objeto que se encuentra al otro lado de la calle, se acercará decidido a comprobarlo, eliminando de su razón todo el esfuerzo que supone dejar lo que esté haciendo y moverse hacia el objeto mencionado.

La pereza es algo en lo que nos han hecho creer, pero sólo se trata de falta de curiosidad y por tanto de interés en hacer lo que nos obligamos a nosotros mismos sin razones contundentes, sólo por las metas y límites que nos ponemos, para acceder a esa competitividad impuesta. Es aquí también donde entra la fuerza de voluntad, que tiene que ver con la pérdida del interés en descubrir esas parcelas del cerebro que mencionaba con anterioridad. Los bebés no tienen fuerza o flaqueza en la voluntad, tampoco se esfuerzan para jugar o para correr por el parque. Sólo aparece cuando empiezan a imponerles la educación, reprimiendo sus instintos.

Para llegar a la libertad, hay que empezar por el respeto a nuestros instintos, no hablo de la anarquía educativa de ninguna manera, sino del cambio abismal de la misma. Alcanzar la fórmula a través de la cual nuestra capacidad para curiosear, – aplicándole valor a este acto-, nos sirva para alcanzar el conocimiento, como decía al principio de esta teoría.

En el caso de las necesidad -a las cuales respetamos algo más que al interés humano-, es innegable que la tenemos presente, y que contamos con un continuo flujo de información de todo lo que tenemos cerca.

La personalidad genética, el carácter, o la socialización primaria nos define en primer lugar; en segundo lugar una nueva fórmula educativa que se basara en la curiosidad y el interés debería ser aplicada, siempre contando con las capacidades y los sentidos más o menos desarrollados de cada individuo. El método a desarrollar tiene que estar sustentado por la necesidad de encontrar la vía a través de la cual todos los niños esparzan su curiosidad libremente, así descubran sus capacidades, y no pierdan el ímpetu por el conocimiento.

El sistema capitalista, no es más que el desarrollo de una idea que alguien esbozó sin esfuerzo alguno, pues las ideas aparecen solas, gracias al razonamiento, cuando encontramos alguna cuestión que nos importa lo suficiente – por la que sentimos especial interés-, como para encontrar la respuesta a esa incertidumbre.

El éxito reside en la intención de conseguir una meta final, no en el esfuerzo “gastado” en hacerlo, en esa intención se encuentra implícita la curiosidad.

CARRETES DE NAPALM

 

“Lo que ha visto no tiene nada de extraordinario, esto sucedía cada día en Vietnam, lo extraordinario, es que esté registrado en una película”. De esta manera, concluye el documental ‘La foto de la niña del napalm’, que nos acerca a la realidad no ficticia de todo lo que ha abarcado la historia de esta famosa foto, que dio la vuelta al mundo por su contundente valor representativo. La protagonista inicial, el factor de mayor impresión, o que más palabras intrínsecas contiene en la imagen es la figura débil, herida, asustada y casi terrorífica de la niña, llamada Kim Phuc que corre huyendo de las llamas que dejaba atrás tras un ataque de bombas de napalm, desde el templo donde se refugiaba.

     La guerra de Vietnam tuvo lugar entre 1964 y 1975, y enfrentó a dos bando definidos. Por una parte estaba el bando de los estadounidenses citados junto con los propios vietnamitas del sur, y en el otro bando se unía Vietnam del norte con el Frente Nacional de Liberación, apoyado además por el bloque comunista. Fue una guerra que nunca tuvo límites comunicativos, principalmente porque siempre se le consideró otra cosa diferente a guerra, por razones de conveniencia política, y por tanto las prohibiciones como las mediáticas fueron evitadas para prevenir interpretaciones paralelas.

     La fotografía de Kim Phuc en el poblado de TrangBang, fue tomada por un fotógrafo también vietnamita, Nick Ut, el 8 de junio de 1972. Era un chico joven que frecuentaba la agencia ‘Associated Press’. En realidad su hermano es quien trabajaba en un inicio para esta agencia, pero a su prematura muerte, Kim Phuc decidió coger su puesto y lanzarse a la guerra para fotografiar la que ahora es una de las colecciones fotográficas más famosas y valoradas del mundo. Este fotógrafo cuenta en su entrevista todos los detalles del día en que fotografió a la pequeña, explica las circunstancias en las que se encontraba él, la experiencia  desde el punto de vista de observador de la catástrofe. Otra de las cuestiones destacables del criterio que utiliza para intentar trasmitir su labor profesional y al tiempo espiritual, es que sus fotografías siempre tienden a expresar más que cualquier palabra podría hacerlo. Sus carretes son infinitos, sus manos y ojos siempre están en funcionamiento, y mezcla su propio dolor con el impulso de apretar el botón de la cámara.

    Nick Ut, aunque pueda suponer una incongruencia, se dedica actualmente a fotografiar a famosos. Otra de las fotografías que años después volvió a dar la vuelta al mundo, fue la de Paris Hilton llorando desconsoladamente dentro de un vehículo,  a la salida de su casa en Hollywood. Aunque si en algo pueden coincidir ambas fotografías, aparte de que fueron tomadas el mismo día del año, 8 de junio, es que las dos expresaban dolor y sufrimiento real.

    El documental del Canal Historia que hemos visto, aparte de analizar y contar todo lo que aquella imagen arrastraba tras de sí, recoge otras muchas imágenes filmadas y fotografiadas durante la guerra de Vietnam, y más concretamente en relación a la historia que se esconde detrás de la imagen matriz. Los videos se ven con suficiente nitidez, y realidad, y el documental aprovecha para entremezclar diferentes modelos periodísticos, para hacer de esa forma más claro el mensaje final del momento vivido, tanto en el accidente relatado y fotografiado, como en todo lo que se aconteció durante la guerra de Vietnam. Aunque de todas formas tomando solo como referencia la imagen de la niña, somos capaces de imaginar todo lo que se desarrolla fuera del campo visible.

     La fotografía de la niña de Napalm, fue rechazada por los medios estadounidenses en un primer momento. Se intuía que crearía demasiada polémica publicar un cuerpo desnudo, puede que incluso no pensaran a la hora de rechazarla, que lo que supondría sería, al contrario, un frente de indignación pacifista, al comprobar la situación en la que aquel país se encontraba. La información que llegaba a occidente aún no era plena, a pesar de tratarse de una época en la que periodistas, fotógrafos o reporteros se multiplicaban y, cada vez más, desvelaban verdaderos misterios de todos los rincones terrestres. Esta imagen, por tanto, marcó un antes y un después en la longevidad de la guerra de Vietnam. Estados Unidos comenzó a movilizarse, y pronto llegaron pactos para parar la violencia.

      Las guerras ahora son lo que vemos y oímos cada día en informativos y prensa o lo que forma parte de nuestro propio pasado y estudiamos en historia. Sabemos por aceptación que “guerra” implica sangre, sufrimiento, muerte, y en fin, mal en su máximo exponente. Pero los medios audiovisuales que nos acercan a esa realidad fríamente asimilada, no han tenido presencia alguna durante el mayor transcurso bélico de nuestra historia. Por ello, es esta guerra tan reciente, la de Vietnam, la que contó con mayor difusión mediática, no solo porque el mundo occidental estuviese ya en pleno desarrollo y auge, sino también porque esa mediación y tecnología estaba presente en Vietnam, a pesar de los enfrentamientos políticos. Tanto es así que fue la primera guerra que venció al ejército estadounidense, a pesar de los recursos con los que este país contaba.

ENLACE AL DOCUMENTAL: http://www.documaniatv.com/historia/la-foto-de-la-nina-de-napalm-video_30d67cb01.html