EL 5º PODER

Los de la franja de edad 36-60 están descubriendo un mundo nuevo con esto de Twitter y Facebook. Para los que somos menores de 36 es ya casi más de lo mismo. Aunque desde luego ahora todos vamos tornándonos según nuestras preferencias y profesiones.

Considero, y si no me creen tiempo al tiempo, que las redes sociales y su capacidad de informar y a la vez comunicar mensajes de todo tipo, de manera que los usuarios de las mismas tengan un hueco en el círculo global de los hechos generales, están modelando lo que será finalmente proclamado como 5º poder. Cada palabra cuenta; cada comentario puede influir o contribuir, aunque también, a veces, crear polémica. Con un solo Tweet podemos, hoy por hoy, llegar a un colectivo que -de forma atomizada- conseguirá indirectamente que nuestro mensaje llegue a un grupo aún mayor y así sucesivamente. Se crea una onda expansiva que en milésimas de segundo llega a  influir en tres tipos de campos sensibles diferentes: El deseo del autor del mensaje de que su producto sea leído; la reacción del lector ante el mensaje; y las consecuencias posteriores que esa relación virtual conlleva, como decía antes, la atomización del mensaje que además se funde con su propia fugacidad.

Bajo mi punto de vista, las redes sociales empiezan a verse, ahora, como “algo más”; es decir, lo que antes era: “el motivo por el cual mi hijo de 2º de la E.S.O no aprueba sus asignaturas”, ahora es: “la herramienta para que mi hijo apruebe las asignaturas”. Ese cambio de concepto en apenas 10 años y esa creciente simpatía e interés, por otro lado, denotan la buena utilización de lo que tenemos a mano gracias a la tecnología y la capacidad para quedarnos con la parte útil de los productos y novedades que nos ofrece la innovación.

VOLVEREMOS A SUFRIR, PERO CON INTELIGENCIA

Para conseguir cosas que deseamos, podemos mover mar y tierra, o podemos dejarnos llevar por “lo que surja”, o bien podemos decidir estar ahí en el momento y en el lugar exacto. Planearlo desde la picardía o desde la inocencia, o simplemente, hacer de forma correcta, a sabiendas de que algún día obtendremos la recompensa que siempre merecen las cosas bien hechas. Todo esto, es, por supuesto, aplicable a cualquier movimiento o pasito de nuestro crecimiento personal.

Es curioso cómo, a pesar de todos esos muros y baches incontrolables e inesperados que te impone la vida desde cierta edad en adelante, a pesar de haber reinventado tu libro una y otra vez para volver a salir a flote en momentos de desequilibrio, y a pesar de pretender estar escarmentados y curtidos en las zancadillas del camino, volvemos a pasar por debilidades, por miedos pueriles, y por inseguridades inevitables, siempre que algo desconocido nos acecha para volver a perder el control de nuestra coherencia y madurez acumulada. Somos seres débiles, así como el fuego nos pareció un gran enemigo inservible y animal todo-destructor en la primera toma de contacto, pronto supimos controlarlo para sacar el mayor de los provechos, convirtiéndose en el más lejano y el más cercano de los amigos. Firme pero leal, castigador pero compensatorio.