EL ANTI-MATERIALISMO DESTRUCTIVO

No somos seres no-materialista. Gracias a los objetos, nos pudimos diferenciar algún día de los simios, señal de que -les guste o no- el materialismo es algo ineludiblemente necesario en nuestras vidas. Bien es cierto que ha sido el culpable de guerras, y desgracias a lo largo de la historia del hombre como tal, pero hay que aprender a convivir civilizadamente con el capital y el material, más que intentar destruir lo indestructible, porque podrá destruirnos a nosotros mismo antes de lograr el utópico cambio anti-materialista. Ver la realidad como es, y luchar por ordenarla y moldearla de una forma justa y medianamente válida para todos, es lo único que contiene valor en las intenciones individuales de cualquier persona para y por el avance de la sociedad. Hay que ser constructivo, y entender la falta de coherencia en el progresismo destructivo.
El problema es que no se mira por la viabilidad y el funcionamiento de las cosas, paramos en lo puramente dañino, en lo que toca de frente a los sentimentalismos, y de ahí, correr a la lucha por las mejores condiciones, luchas pasivas que no aportan sino alboroto a los que intentan pensar en la raíz de los problemas, para talar desde el nacimiento lo inservible, y no todas las ramas que se encuentran en el camino.
España ha de llamar al arte empresarial, el que con la capacidad de muchos nos lleven a todos a lograr el bienestar, la organización debida, la coherencia del pueblo, la serenidad y la tranquilidad. El trofeo es el capital. Y la herencia la prosperidad para el mañana. Con todo ello, alabar al trabajo, que no es sino, la razón de la valía de las personas, el impulso para agarrarnos a este mundo fugaz, es el único camino para ser parte de ella.